Sus ruinas son hoy uno de los grandes íconos históricos del Reino Unido. En la costa noreste de Inglaterra, frente al mar del Norte, existe un pequeño pueblo que parece detenido en el tiempo. Se llama Whitby. Desde Londres es posible llegar en tren hasta la ciudad de York y, desde allí, continuar en autobús durante aproximadamente dos horas, atravesando algunos de los paisajes más espectaculares del norte de Inglaterra. Un recorrido entre colinas, páramos y pequeños pueblos que convierte el viaje en parte de la experiencia. La ruta cruza el Parque Nacional North York Moors, considerado uno de los espacios naturales más bellos del país. Durante el trayecto es posible contemplar extensos campos, antiguos bosques y el histórico viaducto de Goathland, muy cerca de donde circula el famoso tren que inspiró algunas de las escenas ferroviarias más recordadas del universo de Harry Potter. Whitby es un antiguo pueblo pesquero con más de 1,300 años de historia. Sus calles empedradas, sus edificios tradicionales y su inconfundible ambiente marítimo atraen cada año a miles de visitantes que buscan mucho más que una fotografía. El puerto ha sido el corazón económico de Whitby durante siglos. Desde aquí partieron embarcaciones dedicadas a la pesca, al comercio y a la exploración marítima. Hoy continúa siendo uno de los principales símbolos de la ciudad y uno de los lugares favoritos para recorrer a pie. Antes de llegar a la abadía hay que superar uno de los recorridos más emblemáticos de Whitby: sus famosas 199 escaleras. Construidas hace siglos para conectar el antiguo pueblo con la iglesia de Santa María y la abadía, siguen siendo una parte esencial de la experiencia de quienes visitan esta ciudad. La tradición cuenta que los antiguos peregrinos se detenían varias veces durante el ascenso para descansar y orar. Hoy, cada escalón recompensa el esfuerzo con una vista privilegiada del puerto, el mar del Norte y toda la ciudad de Whitby. En el año 664, este lugar fue escenario del histórico Sínodo de Whitby, una reunión que marcó el rumbo del cristianismo en Inglaterra al adoptar las tradiciones de Roma. Años más tarde, las invasiones vikingas destruyeron el monasterio original, que posteriormente fue reconstruido por los monjes benedictinos en un majestuoso estilo gótico, cuyas imponentes ruinas aún dominan el paisaje. Sin embargo, en el siglo XVI, durante la Reforma impulsada por el rey Enrique VIII, la abadía fue clausurada y abandonada. Con el paso del tiempo, el viento y el mar transformaron sus muros en el impresionante monumento que hoy se ha convertido en uno de los grandes íconos históricos del Reino Unido.
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